POR LUCIANO DE CECCO

 

¡Hola a todos! Qué gusto reencontrarnos. Como muchos sabrán, el jueves y el viernes pasados vivimos dos días inolvidables: la Selección con la que ganamos la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio se dio el gusto de recibir el cariño del público en dos amistosos contra Países Bajos en cancha de Ferro.

Jugar en Argentina siempre es increíble y poder hacerlo en Capital fue genial. Las tribunas estaban “explotadas” de gente y eso nos dio una satisfacción enorme. Si hubiésemos tenido un estadio para 8 mil personas, se llenaba igual que el Héctor Etchart. Estoy seguro de eso.

Es hermoso sentir el aliento del público. Inclusive, cantar el Himno en casa es algo que hace mucho tiempo no disfrutábamos. Además, estuvieron nuestras familias y gente muy cercana. En mi caso, viajaron mis papás, Ricardo y Graciela, y mis amigos Lucas, los hermanos Bossio, “el Chino”, Juancito, Juan Pablo y Florencia. Las dos noches fueron de fiesta total.

Hubo homenajes muy emotivos, la gente vivió un buen espectáculo y los partidos fueron importantes para el crecimiento de algunos jugadores más jóvenes que jugarán la Liga de las Naciones (VNL) a partir de este miércoles. Ojalá muy pronto se pueda repetir algo así.

El cariño que sentimos es algo difícil de explicar. Salir a un estadio por una pasarela con luces y que todos se vuelvan locos es algo que te genera una emoción hermosa. Creo que no hay una mejor devolución para un deportista que ésa que nos hicieron en cancha de Ferro.

Obviamente, en la era de las redes sociales sabíamos que nuestra medalla había impactado en los “fans”, pero recién ahora pudimos dimensionar cómo rebotó en el público lo que hicimos en Tokio. Saber que hay gente en las tribunas esperando disfrutar de un partido y que se agotaron todas las entradas para vernos en persona y no por la tele es algo que no sólo suma para nosotros, sino para todo el vóley y el deporte argentino.

Al final de cada partido nos quedamos sacándonos selfies con los hinchas y firmando cientos de autógrafos. Ése es un modo de devolverle a la gente todo lo que hacen e hicieron por la Selección. Además, está buenísimo que los seguidores puedan conocer nuestra parte más humana, además del costado deportivo. Para un chico, representa muchísimo más llevarse una firma en su remera, que el esfuerzo que significa para nosotros hacer un punto. Tenemos que ser conscientes de eso y permitir que el público pueda hablarnos de cerca, darnos una palmada o un choque de manos mientras nos piden una foto o filman un videíto. Somos representantes de la Selección y del vóley argentino y es muy importante estar cerca de la gente. No podemos perder de vista eso.

Claro que también suceden cosas inesperadas. Hubo un chico que nos pidió, a Agustín Loser y a mí, que le firmáramos autógrafos sobre el antebrazo. ¡Y a la mañana siguiente se los tatuó y subió la foto en un posteo de Instagram! Yo le comenté que estaba loco, ¡ja!. Si bien no es la primera vez que me pasa algo así, muchas veces resulta imposible dimensionar lo que generamos en el público.

Otra cosa increíble fue festejar mi cumpleaños con la camiseta celeste y blanca frente a 3 mil personas. Disfruté muchísimo de ese momento, con una torta enorme y todo el público cantándome el “cumple”.

Fue, por supuesto, un día agitadísimo: tuvimos entrenamiento en Ferro, almorcé con mi familia, intenté descansar 40 minutos, armé todo rápido y nos fuimos a la cancha. Después del partido, nos quedamos con las selfies y los autógrafos, así que llegué a casa como a las 3 de la mañana. Recién ahí empecé a ver mensajes, pero al otro día entrenábamos a las 8, así que apenas pude responder algunos saludos.

Ese 2 de junio, poco después de la práctica de la mañana, en el vestuario me dieron una sorpresa, con una torta lindísima que me mandó mi familia y un amigo: quien ideó todo fue mi hermana, que siempre tiene esos gestos tan lindos y que valoro tanto.

En lo deportivo, aunque sabía que no iba a viajar con el equipo que este miércoles debutará en la VNL, pedí jugar porque tenía muchas ganas de vivirlo dentro de la cancha. Ya comenzó un recambio generacional que puede ser muy positivo: hay chicos que tienen mucho margen de mejoría y superación. Por supuesto, será un camino largo y complicado, como siempre lo fue para nosotros.

De cara a la VNL, lo bueno y lo malo está en el mismo ítem: hay poco tiempo para entrenar y mucho para jugar. En ese contexto, a veces es más positivo mejorar jugando que entrenando. Ojalá los más pibes puedan aprovechar estas oportunidades. Hay potencial y buena madera.

Al mismo tiempo, sé que la pérdida de Seba Solé –se retiró de la Selección y tuvo su merecidísimo homenaje en Ferro- va a dejar un hueco importante en lo deportivo y en lo anímico. De todos modos, confío mucho en los chicos que van a desempeñar su rol de central. Desde mi lugar de capitán, les dije a los más pibes que a veces el tren pasa una sola vez. Tienen que disfrutar y dar el máximo siempre, porque en Argentina no nos destacamos por tener físicos ni talentos súper desarrollados. Lo nuestro requiere de mucho trabajo y dedicación para emparejarnos con las potencias. También les transmití que ser convocados a la Selección de mayores no tiene que ser un punto de llegada: deben asumirlo como un punto de partida, para el crecimiento individual y colectivo.

Ahora estoy en Santa Fe, en la casa de mis “viejos”. Necesito descansar unos días, para ponerme bien y ayudar al equipo. Desde la VNL del año pasado casi no paré. Fueron muchos meses, muchos partidos y pocos días de descanso: estuve en la VNL y los Juegos Olímpicos con la Selección y jugué Súper Liga, Copa Italia, Súper Copa, Mundial de Clubes y Champions League con mi equipo, Cucine Lube Citivanova.

Quiero dedicarme a “no hacer nada”, para volver a encontrarme conmigo mismo y sentir cierta paz en lo físico, así vuelvo a entrenarme la semana próxima en Buenos Aires. En estos días voy a hacer las cosas que realmente quiera y no las que se hacen por inercia. Visitaré familiares y amigos y, por supuesto, pasaré mucho tiempo en mi club, Gimnasia y Esgrima de Santa Fe. Desde septiembre de 2021 que no vuelvo a la ciudad y quiero darles presencia física a esas relaciones que en este tiempo sólo pude sostener por redes sociales o videollamadas.

Espero que hayan disfrutado de esta columna. Gracias a todos por el cariño.

¡Nos reencontramos muy pronto!

 

Esta columna fue publicada originalmente en ESPN.com

 

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