POR LUCIANO DE CECCO

 

Hola a todos. Como les había dicho en la columna anterior, en dos semanas nos jugábamos la temporada. ¡Y ganamos el Scudetto! Misión cumplida.

Por supuesto, estoy muy contento de haber sido uno de los jugadores que llevaron a Cucine Lube Civitanova a consagrarse campeón de la Súper Liga de Italia pese a las dificultades que atravesamos durante tantos meses. De todos modos –en cierta medida ustedes me van conociendo- soy muy mesurado y en mi carrera casi no existen los festejos alocados. Además, estoy tan cansado que no tengo ganas ni de moverme. Ja.

Éste es mi tercer título en Italia pero para mí esa cifra no significa nada en particular. Siempre digo que recién al momento del retiro me pondré a ver qué conseguí, hasta dónde llegué.

Me enteré a través del equipo de prensa de mi sitio web que ningún otro argentino había ganado tres veces la Súper Liga, pero trato de no darle mayor relevancia. Esos datos son más importantes para el periodismo que para mí.

Yo encuentro el placer dentro de la cancha. Me gusta pensar en lo colectivo y sí puedo decir que me alegra ser parte de una generación que está haciendo historia en la Selección y en ligas europeas.

A Seba Solé, otro de los medallistas de bronce en los Juegos de Tokio, lo enfrentamos en las dos últimas finales de la Súper Liga. Y varios argentinos fueron campeones de la Challenge Cup de Europa con el Narbonne de Francia. Así como muchos jugadores del bronce olímpico en Seúl 1988 y del tercer puesto en el Mundial 1982 marcaron una huella en Europa, ahora somos parte de otra camada que está dejando bien alto el prestigio del vóley argentino.

Para la Lube, retener el título de la Super Liga era uno de los objetivos que nos habíamos propuesto. Además, se trataba del último partido de algunos compañeros que en la temporada próxima jugarán con otra camiseta y, por eso, era importante cerrarlo así: alzando la copa en casa, en nuestro estadio repleto.

Hicimos todo para que sucediera. No hay mayor tranquilidad que la de sentir que el deporte te recompensa el esfuerzo de toda una temporada.

Tuvimos unos playoffs muy duros. Al terminar el segundo partido de “semis” estábamos hundidos y nadie pensaba que pudiéramos dar vuelta la serie contra Itas Trentino, que era el equipo del momento y acababa de ganarle las semifinales de la Champions League a Perugia. En lo anímico y en el juego estábamos haciendo agua. Pero empezamos a jugar. Y torcimos la historia.

Desde entonces empezaron a funcionar diversas situaciones. Y nos consolidamos. Entiendo que tampoco nadie se esperaba que jugáramos en el nivel que tuvimos en las finales contra Perugia. Tampoco, que ellos estuvieran opacados, quizás porque nosotros impedimos que desplegaran su mejor vóley, excepto en el tercer partido.

Está claro, además, que el juego de las finales no fue apasionante. Siempre que hay tensión, por todo lo que está en juego, el vóley no resulta tan vistoso. Estoy seguro de que toda la serie de semifinales entre Perugia y Módena y la nuestra frente a Trentino, a partir del tercer partido, tuvieron mejor nivel técnico que las finales. Por eso es tan importante estar fuerte de la cabeza para buscar el Scudetto.

Salimos a jugar decididos a aprovechar la chance de cerrar la serie. Iba a ser complicado si perdíamos y teníamos que volver a Perugia para jugar un quinto partido. Era pensar pelota a pelota, sabiendo que no había un mañana favorable. Si teníamos la posibilidad de hacer algo bueno, era el momento de mostrarlo en la cancha.

El partido de la consagración tuvo algunas particularidades. Por ejemplo, nuestro entrenador hizo un solo cambio, en una jugada en particular, durante todo el partido.

Veníamos de muchos juegos en los que buscábamos soluciones para diversas situaciones a través de muchas modificaciones. Nos habíamos convertido en un equipo largo, con variantes. Sin embargo, esta vez funcionaba todo fluido y eso habla también de la mentalidad de los que entramos a la cancha. No tuvimos fisuras y pudimos cerrarlo en sets corridos.

Roberlandy Simón se llevó el premio al MVP de las finales. Es súper merecido, porque fue nuestro mejor jugador durante toda la temporada. Se puso el equipo al hombro en momentos complicadísimos. Tengo una conexión especial con él y me enorgullece que tenga este reconocimiento.

Lucarelli (Brasil), De Cecco (Argentina), Simón (Cuba) y Yant (Cuba), cuatro americanos del sexteto titular de la Lube 

Cuando se metió gente a la cancha pude abrazar a mi mamá y a mi hermana. Y dentro del campo hicimos una videollamada con mi papá. Fue muy emocionante.

Durante la premiación me puse en un extremo del podio, porque me siento incómodo estando al centro. Al llegar al vestuario, cerca de la medianoche, agarré el teléfono y explotaba de mensajes. Todavía no pude responderles a todos.

Después nos fuimos a un restaurante con mis compañeros, el cuerpo técnico y varios familiares. Me acompañaron mi mamá, mi hermana y Felipe Benavídez, un amigo argentino que estuvo entrenando con el equipo durante los playoffs.

Llegó un momento de la cena en que me empezó a doler todo. Era tiempo de irnos. Sé que, una vez que relajo la cabeza, pasan dos o tres días en los que me quedo sin energías y no tengo ganas de nada.

Aun así, el jueves a la noche hice un asadito en casa con mi parrilla a gas. Fuimos con Felipe a comprar hamburguesas y chorizos, y mi mamá cocinó empanadas al horno y papas fritas. Al final vinieron varios compañeros del equipo y la pasamos genial.

Desde el miércoles pensé un montón de veces en todo lo que viví en un año. No sólo en el deporte. Conseguí el Scudetto 2020/21 a puertas cerradas, poco después logramos la medalla de bronce en los Juegos de Tokio y ahora repetimos el título en la Súper Liga 2021/22.

Mientras tanto, sufrí una depresión y episodios de ansiedad. Pospuse todos los problemas por el bien de mis equipos. Y el deporte me pagó con estas alegrías. Significó un crecimiento, pero personalmente sufrí golpes en ese trayecto.

Ahora necesito una pausa del vóley para recuperar la paz mental indispensable como individuo, más allá de ser un deportista profesional. Quiero tomarme unos días, reencontrarme conmigo mismo y ordenar mi cabeza. Recién después de eso estaré listo para poner otra vez todas mis energías en el deporte.

¡Nos reencontramos muy pronto!

Esta columna fue publicada originalmente en ESPN.com

 

Fotos y videos: legavolley.it